El Gobierno analiza nuevas restricciones por el covid mientras sigue realizando pocos testeos. El caso de la Provincia de Buenos Aires

Por Pablo Portaluppi

“Nuestro mayor déficit es no haber testeado más. El plan Detectar se implementó un poco tarde, cuando debió haber empezado más precozmente”, reconocía en octubre del año pasado Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y uno de los asesores del gobierno. En la misma línea se pronunciaba por aquel entonces el médico Pedro Cahn: “Habría que haber aislado a los contactos y testearlos para ir adelantándose al virus. No se trata de testear en forma indiscriminada con testeos masivos, sino en la búsqueda de pacientes asintomáticos en ciertos conglomerados”.

Con las alarmantes declaraciones de sus principales funcionarios de Salud respecto a la situación de contagios de coronavirus, la Provincia de Buenos Aires, a través de la Directora de Vigilancia Epidemiológica y Control de Brotes, Teresa Varela, decidió dejar de testear los posibles casos sospechosos de coronavirus que sean asintomáticos. Cuando se menciona insistentemente la posibilidad de nuevos cierres, dicha medida parece ir a contramano: de acuerdo a los especialistas, de este modo se dejaría que el Covid se disemine sin control. La excusa sería la falta de capacidad para hacer hisopados ante la creciente demanda, con la idea de “optimizar recursos”. Una situación que no varió en nada en más de un año de pandemia en el país.

En el campo de las enfermedades virales hay tres conceptos fundamentales: erradicación, eliminación, y control”, explica el ex Secretario de Salud de Mar del Plata, Gustavo Blanco. Y aclara que “en el caso del covid, vamos hacia un control. Lamentablemente la enfermedad no va a desaparecer, sino que vamos a tener que convivir con el virus. Ello implica que el problema lo tendremos con los asintomáticos”.  

El escenario se torna aún más delicado al constatar otros datos. Ante la inminente segunda ola, y con apenas 4.213.966 vacunas aplicadas, Argentina se ubica, al 1 de abril, en el puesto 18 entre los países más afectados por la nueva enfermedad en el ránking de testeos por cada millón de habitantes, con 195.153, siendo superado en la región por Chile, que lleva hasta aquella fecha más del doble -582.649-, Perú (279.612) y Colombia (248.264). Y en el total de naciones, está en el puesto 111. Datos duros.

“Estamos en una situación gravísima. El año pasado, cuando el sistema de salud estuvo más estresado, teníamos menos casos en provincia”, aseguró Enio García, Jefe de Asesores del Ministerio de Salud bonaerense. Por otro lado, el Ministro Daniel Gollan advirtió: “Esta progresión explosiva pone en riesgo la capacidad de repuesta del sistema “. Por último, fue el turno del Viceministro Nicolás Kreplak: “Hay que empezar a volver a quedarse en casa”. En vez de ello, tal vez se hora de comenzar a testear más y mejor.

Desde el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, se analiza el “cierre de actividades por siete u ocho semanas” para avanzar mientras tanto en la campaña de vacunación entre los adultos mayores, el grupo poblacional con mayor letalidad. El jefe de Gabinete del Ministerio de Salud bonaerense, Salvador Giorgi, confirmó esta posibilidad: “Creemos que deberíamos cerrar seis, siete u ocho semanas para que nos den tiempo de vacunar a los adultos mayores de más de 60 años. Si tenemos esa población vacunada e inmunizada, eso cambiaría bastante la situación epidemiológica y podríamos reabrir algunos rubros”. Las actividades que podrían cerrar serían “cines, bares, actividades recreativas y de ocio”. La otra opción que se maneja, según trascendió, es implementar una cuarentena dura de 9 días. Pero para ambas opciones no parece haber demasiado margen.

El Director de la Escuela de Medicina de Mar del Plata, Adrián Alasino, le aseguró a este medio que “ante la segunda ola se deben tomar medidas zonales, hay que mirar lo que hizo Europa en el último invierno”, añadiendo que hay que ir hacia “aperturas y cierres móviles, y no tan rígidos como los del año pasado. Y testear más”. En la misma línea se expresa el Dr. Pablo De La Colina, ex subsecretario de Salud de la Comuna: “La economía no resiste un cierre. Para evitarlo, hay que hacer un mapa epidemiológico, algo que nunca se hizo, y hacer más testeos”. Y remarca: “Además hay que tener en cuenta que este invierno van a circular otros virus respiratorios por la mayor circulación de gente, algo que el año pasado no tuvimos, Eso implica mirar con mucha atención la saturación del sistema de salud”.  

Tres Arroyos y Coronel Dorrego

Una razón estriba en una campaña de vacunación salpicada por sospechas y confirmaciones de indignantes privilegios, y demasiada desprolija. Por ejemplo, el Intendente de la localidad bonaerense de Tres Arroyos, el vecinalista Carlos Sánchez, a través de su Secretario de Salud Gabriel Guerra, se quejó públicamente que el distrito no recibe suficientes vacunas. Los números parecen darle la razón: sobre una población estimada en 50.000 habitantes, sólo se inoculó a 2987 personas. Y desde el comienzo de la pandemia, apenas se hicieron 4584 hisopados.

La cifra de vacunados en Tres Arroyos se hace aún más insignificante si se compara con lo ocurrido en el partido de Coronel Dorrego, una localidad de menos de 12.000 habitantes. Si bien el Jefe Comunal es radical, la campaña de vacunación la controla insólitamente un dirigente del peronismo local, Maximiliano Moyano, ajeno completamente a cuestiones de Salud. Allí, el total de inoculados es de 2155. Es decir, tratándose de un distrito con casi 4 veces menos de población, la inoculación es apenas un 35% menor.  

“Como en toda la provincia de Buenos Aires, nosotros no manejamos los turnos ni la cantidad de dosis, no tenemos intervención”, dijo el Intendente Raúl Reyes. “Hay gente que está encargada de la vacunación que no tiene experiencia en estos temas, no son personas ligadas al ámbito de salud. El responsable de la vacunación en Dorrego es un vecino que ha desarrollado otras actividades pero nada tienen que ver con la salud. Por supuesto que no vemos con buenos ojos este manejo político”, agregó.

La ineficiente vacunación en Mar del Plata

Tal como ya se afirmara desde este espacio, en General Pueyrredón, los 33 Centros de Atención Primaria de la Salud municipales no fueron tenidos en cuenta, lo que incrementa las sospechas del uso político que se le pretende dar a la vacunación de la poblaciónTanto el IOMA como el PAMI, prácticamente monopolizan la campaña de vacunación en el distrito. El “puenteo” al gobierno local de Guillermo Montenegro, de Juntos Por el Cambio, es evidente. Aunque hay que remarcar que el manejo de la pandemia por parte de su administración ha sido muy deficiente, cerrando acertadamente la ciudad en un comienzo pero luego negando hasta la exasperación la circulación comunitaria del virus cuando era más que evidente.

Siguiendo con Mar del Plata, según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, difundido en diciembre de 2017, el 25,8% de sus habitantes tiene más de 60 años, un 3,3% más que en el resto del país. Y de ese porcentaje, el 43,7% pertenece a un estrato socioeconómico bajo o muy bajo. De acuerdo a estos números, y en función de los datos del Censo 2010 levemente actualizados, se trataría de unas 175.000 personas. Pese a ello, de los 56393 vacunados al 4 de abril, según datos oficiales, hay aproximadamente 10000 inoculados de dicha franja etaria, lo que apenas representa menos del 6%. Según la convención establecida por Naciones Unidas, la ciudad es “un polo gerontológico”.

Sin embargo, la provincia de Bs As analiza una nueva cuarentena. Si se hubieran hecho bien las cosas, este posible escenario se podría evitar. Por ejemplo, de acuerdo a lo que ya reveló este medio, entre el 1 y el 21 de feb hubo 3998 personas vacunadas en Mar del Plata con la Sputnik, de los cuales 3171 tenían menos de 60.

A su vez, desde el 12 de marzo de 2020, se hicieron solo 97098 testeos, una cifra irrisoria en relación a su población actual, estimada en 800.000 personas. Y siendo el distrito, con un total acumulado de 47554 contagios, la segunda localidad de la provincia en reportar más casos positivos, por detrás de La Matanza. El citado Dr. Alasino agrega: “Necesitamos saber con urgencia qué cepas circulan por la ciudad, tener una lectura del genoma, algo que aún no sabemos”.   

En este contexto, el SISA tampoco se muestra demasiado confiable. En la Sala de Situación del Ministerio de Salud bonaerense, que absorbe en tiempo real los contagios del Sistema Nacional, los reportes ofrecieron entre el martes 30 de marzo y el sábado 3 de abril, un total de 840 nuevas personas contagiadas en Mar del Plata, cuando los partes municipales, basados en el SISA, dieron cuenta en el mismo período de 717 contagios. Aún no se explica muy bien la discordancia en las cifras. “A esta altura de los acontecimientos, a nadie le conviene que los números se disparen”, afirma el Dr. Blanco.

Pero en cualquier caso, la ciudad registró entre en los 5 días que corrieron entre lunes 29 y el viernes 2 de abril, la misma cantidad de contagios que reportó en los 7 días anteriores, por lo que se estima que en una semana los casos se habrán incrementado en un 50%. Un escenario complicado desde todo punto de vista. Pero el Gobierno Nacional ha perdido toda autoridad moral para disponer cierres estrictos. “Si aumentan los casos, hay que ir hacia algún tipo de restricción, tal vez mayor control en la nocturnidad, pero ya no hacia un aislamiento”, afirma el Dr. De La Colina.

En el segundo trimestre de 2020, la desocupación en la ciudad trepó al 26%, lo que generó un alto impacto. Pero extrañamente, en los últimos tres meses del año, bajó al 11%. Un misterio inexplicable. Pero la temporada que está terminando fue un desastre: la hotelería, uno de los rubros más afectados por la pandemia y la cuarentena, trabajó apenas un 25% promedio de su capacidad entre enero y marzo, según el Vicepresidente de la Asociación Hotelera, Jesús Osorno.

Por su parte, la pobreza en Mar del Plata fue igual a la del país: 42%. Con estos datos, mas la fuerte suba de contagios que se verifica por estas horas, la escasa vacunación y la pérdida de credibilidad por parte del Gobierno de Alberto Fernández, la Argentina enfrenta horas demasiado cruciales.

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