La temporada de la improvisación: Las desigualdades en el Sistema de Salud bonaerense y los peligros de un mensaje distorsionado

Por Pablo Portaluppi

La eventual combinación de cuatro factores genera preocupación entre los profesionales y trabajadores de la salud en Mar del Plata de cara a la temporada estival con el coronavirus lejos de estar dominado: la llegada masiva de turistas, el hartazgo y la desobediencia social que se hacen evidente desde hace meses a partir de la temprana aplicación de la cuarentena, la poca o nula propensión de las autoridades tanto municipales como provinciales a controlar, y los confusos mensajes acerca de las vacunas: “El escenario se presenta complicado. Están dadas todas las condiciones para un rebrote fuerte. Es lo que decimos en voz baja desde el sector de Salud”, avisan desde la Escuela de Medicina de la ciudad. Aunque de manera oficial pronostican una segunda ola de contagios para fines de febrero, por lo bajo temen que ocurra mucho antes.

A escasos 45 días del comienzo de una temporada tan incierta como necesaria por la pandemia, luego de un año para el olvido, se torna necesario dar buenas noticias. Mucho más cuando hablar de la nueva enfermedad ya no mide para unos dirigentes tan apegados a los vaivenes de la opinión pública y cuya autoridad se ve seriamente erosionada. Aunque aquello entrañe no pocos riesgos y se trate, al fin y al cabo, de un mensaje distorsionado. Y muy peligroso.

Si bien el propio Intendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, aseguró en las últimas horas que hay muchas consultas pero pocas reservas, y no todos los hoteles abrirán sus puertas, la crisis económica generada por la pandemia y la cuarentena no parecen haber hecho mella en varios sectores, que con la fatiga emocional del encierro y el cierre de fronteras de los países vecinos, podrían optar por los centros turísticos del país, entre ellos Mar del Plata. Una ciudad que en el segundo trimestre de 2020 sumó 89.000 desocupados respecto al mismo período de un año atrás, con una actividad económica que se derrumbó un 38,8%, y una tasa de desocupación y subocupación del 35,8%, guarismos que serán aún peores cuando salgan los datos del tercer trimestre.

La situación del Sistema de Salud

Consultado por este medio, el Director de la Escuela de Medicina de la ciudad, Adrian Alasino, una de las voces más sensatas que se han escuchado en los últimos meses respecto al coronavirus, junto al Ministro de Salud porteño Fernán Quirós, celebró tanto la instalación del Hospital Modular a mitad de año como la nueva “Unidad de Refuerzo Sanitario”, que aportará 9 camas más a las escasas que tiene Mar del Plata, pero advirtió que “una pandemia no se controla desde los hospitales, sino desde un trabajo territorial”. Y agregó tajante: “El hospital es el último eslabón de la cadena. Si llegás a eso, quiere decir que la estrategia fracasó. Y aquí no veo ningún trabajo de prevención”.

Sin embargo, cabe recordar lo dicho hace pocas semanas por el doctor Osvaldo Elefante, médico intensivista del Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA)La inauguración del Modular y el anuncio de camas fueron solamente para los medios. Seguimos con el mismo déficit de recurso humano. Sin ir más lejos cuando inauguraron el primer tramo del Modular lo inauguraron con camas sin oxígeno. Fue algo más político que epidemiológico”. La saturación del nococomio hace 15 años que nunca baja del 95%.

El Hospital Interzonal, construido durante los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón, pero recién inaugurado en 1961 por el entonces Gobernador bonaerense Oscar Alende bajo la administración nacional de Arturo Frondizi, posee una enorme zona de influencia debido a la inexistencia de hospitales en la región, lo que desnuda un gran déficit de las políticas públicas de Salud durante los últimos 30 años. A sus instalaciones de apenas 340 camas concurren ciudadanos provenientes de 22 distritos, entre ellos, las localidades de Tandil, Necochea, Balcarce, Pinamar, Villa Gesell, Mar Chiquita. Es decir, un conglomerado de más de 1 millón de personas. En un día normal, transitan la guardia no menos de 500 personas. Cuando se inauguró el H.I.G.A., Mar del Plata tenía 225.000 habitantes. Desde entonces, su población al menos se triplicó pero el hospital no lo hizo de igual manera.

En este sentido, cabe mencionar un dato que grafica a la perfección la desigualdad en materia de salud en territorio bonaerense, y pone de manifiesto la desatención del área por parte de las distintas administraciones que sufrió el Estado más grande del país. La provincia de Buenos Aires está dividida en 12 zonas sanitarias. Cada una de ellas posee un Director que depende del gobierno provincial, y abarca diferentes municipios. Mar del Plata, por ejemplo, pertenece a la Región VIII.

En una clara demostración de la desproporción que padece la provincia, cabe detallar y comparar dicha Región con la XI. Mientras que la primera posee 1.150.290 habitantes -de acuerdo a datos del Censo 2010- abarca 16 distritos, y apenas cuenta con 2 hospitales provinciales y 2 UPA (Unidad de Pronta Atención), la Región XI, cuya cabecera es la ciudad de La Plata, con una población similar (1.180.199 personas) distribuidas en 18 municipios, posee 16 nosocomios entre interzonales, zonales y subzonales, más 2 UPA. Una diferencia que habla por sí sola.

Hospital Interzonal de Mar del Plata, siempre cerca de la saturación

Extrañamente, de acuerdo a un informe publicado en julio de 2019 por la Revista de Estudios Marítimos y Sociales, cercana al kirchnerismo, se afirmaba que “no es imprescindible la construcción de un Hospital Municipal” en Mar del Plata, “sino aprovechar mejor los espacios con los que ya cuenta”. Y concluye: “Mediante el presente informe sugerimos que antes que construir camas de agudos, es necesario hacer rendir de forma óptima las camas disponibles, a través de la optimización de los recursos”. Vale recordar que con 1.600 camas, el distrito tiene la más baja incidencia de unidades por cada 1000 habitantes: 1,5. La OMS recomienda entre 8 y 10. Resulta insólito que una ciudad como Mar del Plata no posea un Hospital propio.

De hecho, hacia fines de septiembre y comienzos de octubre, el sistema de salud de la zona estuvo al borde del colapso, un escenario que se repite todos los inviernos pero que este año se agravó por la pandemia de coronavirus. Lamentablemente, en verano la situación no varía demasiado, al tener que absorber la demanda del turismo. “La saturación de las clínicas privadas más importantes siempre está en el orden del 90-95% en verano. Lo que alivia es que entre diciembre y enero se postergan muchas cirugías programadas para marzo, pero no sé qué podría ocurrir este año, que venimos con muchas postergaciones del invierno por la pandemia”, explica el Dr. Pablo De la Colina, médico pediatra y ex subsecretario de Salud de la Comuna. En números concretos, durante una temporada normal la demanda sanitaria en Mar del Plata se incrementa en un 200%. Si bien nadie sabe lo que va a pasar durante el verano por venir, estos datos son los que encienden las alarmas en los efectores de salud de la ciudad.

El caso de Europa

El rebote de casos que se vive actualmente en algunos países de Europa quizá sirva para el país como una inmejorable lección de aprendizaje. Pero para ello, habría que repasar lo sucedido en el viejo continente durante la temporada estival que finalizó allí hace unos meses, la cual, en líneas generales, fue un fracaso. El caso de Ibiza podría resultar paradigmático y muy útil para tomarlo como ejemplo. Las islas vivieron la peor temporada de su historia, y las similitudes con el caso argentino son llamativas.

“Estamos sufriendo las dramáticas consecuencias de la falta de una política sanitaria común frente al covid-19 en Europa, de la negativa inicial por parte del gobierno a exigir PCR en origen a los viajeros que quisieran volar al archipiélago y también del comportamiento irresponsable de muchos turistas y residentes que ignoran las más elementales medidas de protección sanitaria”, decía en agosto un operador turístico de la zona.

Y los medios afirmaban que “los llamamientos a la responsabilidad individual para frenar la progresión del coronavirus, con el cumplimiento generalizado de las medidas sanitarias de prevención, son necesarios pero insuficientes, porque no se puede dejar el control de la pandemia únicamente sobre los hombros de los ciudadanos. La planificación de los posibles escenarios (también de los peores) y la preparación de planes de contingencia por parte de las administraciones y distintos servicios públicos es fundamental para que la enfermedad no se descontrole, como ya está ocurriendo en otras comunidades españolas. También es importante que la población conozca cuál es la situación real, y que el gobierno comunique con transparencia los datos. Los intentos de maquillar la situación y mostrarla como si fuera mejor de lo que es en realidad no sirven de nada; al revés, perjudican y provocan que el mensaje que llega a la población no sea claro y esté distorsionado”. Un diagnóstico que perfectamente podría aplicarse en nuestras costas.

Por su parte, desde Italia se informaba durante la misma época que “los dueños de negocios sienten ahora que lo que decía el gobierno sobre el verano italiano como un impulso interno al turismo era solo retórica. El optimismo desenfrenado, junto con las imágenes de las concurridas playas italianas, fueron, solo una cortina de humo para una industria al borde del colapso”. Y agregaban: “Las estadísticas ciertamente pintan una imagen más fea. La Confederación Italiana de Negocios ha informado que el 70% de los hoteles en ciudades como Roma y Florencia y el 20% en las zonas costeras ni siquiera volvieron a abrir después del cierre. El Instituto Nacional de Estadística de Italia proyecta que el 60% de las empresas de la industria temen un colapso inminente”. Un argentino residente de la zona de Como, el arquitecto Mariano Lavena le dijo a este medio que “estamos otra vez todos encerrados y se suspendieron las clases presenciales. Es insoportable y muy preocupante para las fuentes de trabajo. A esta ciudad vienen siempre todos los veranos muchos europeos nórdicos. Este año literalmente no vino nadie”.

Los protocolos para el verano argentino

Volviendo a nuestro país, el citado Adrian Alasino, Director de la Facultad de Medicina de Mar del Plata, califica al escenario como “muy difícil”, señalando que “me alarma la falta de acuerdos y de claridad respecto a los protocolos. Observamos los establecimientos de dispositivos muy poco aceitados. Nosotros, por ejemplo, ni siquiera fuimos consultados”. Un ex funcionario del área de Salud agrega que “algunos protocolos no se van a cumplir y otros son directamente incumplibles”.

El pasado lunes 19 de octubre, el Gobernador Axel Kicillof visitó la ciudad y anunció formalmente el comienzo de la temporada. Allí dijo que la misma comenzará el 1 de diciembre y se extenderá hasta el 4 de abril, y que los turistas tendrán que convivir con protocolos en las playas, los hoteles, los restaurantes y los espacios públicos. Además, deberán bajarse a sus celulares, sólo aquellos que transiten por territorio bonaerense, una aplicación llamada Cuidar Verano, que servirá para gestionar el permiso para ingresar a los municipios de la costa, donde deberán cargar cuántos días permanecerán, la localidad en donde estarán, con qué personas viajarán y en dónde se alojarán.

Pero también el mandatario en la misma conferencia aseguró que no iba a haber durante la temporada ni teatros, ni cámpings ni boliches, para luego volver sobre sus pasos en apenas pocos días. Y aún los protocolos para las distintas actividades no están aprobados formalmente por la provincia. Lo que se sabe hasta ahora es que no se habilitarán duchas en los vestuarios, y que la primera medida preventiva será en el acceso donde un trabajador del balneario deberá tomar la temperatura y registrar los datos de los clientes que accedan, a la vez que tendrán que higienizar sus manos con alcohol

Por su parte, en las carpas, las condiciones serán las habituales aunque se prevé que haya mayor control sobre la cantidad máxima personas que pueden estar. Y la utilización de la pileta será mediante turnos de 20 minutos que deberán ser solicitados en la administración. Así mismo, para circular por el balneario será obligatorio el barbijo mientras que en las carpas o sombrillas no.

Respecto a la nocturnidad, se supo que habrá mesas especiales integradas por no más de 10 personas en espacios abiertos, atención a cargo de mozos, kit sanitizante en cada una de las mesas, prohibición de usar la pista de baile y la barra para evitar las aglomeraciones, entre otras medidas que a simple vista parecen de difícil cumplimiento.

Otra de las disposiciones oficiales es que los turistas no tendrán que hacerse un testeo previo para ingresar a las localidades y en el caso de que se contagien de coronavirus, deberán volverse a sus domicilios, siempre y cuando sean asintomáticos o tengan un buen estado de salud. Si no tienen medios para regresar, serán derivados a centros especiales de aislamiento que se montarán en los municipios. “Esto es incumplible. Cómo le vas a decir a una persona que se siente bien que deberá quedarse aislado en un hotel habiendo pagando una estadía de vacaciones. Y además cómo hacés para controlarlo. Esa persona sigue su vida y anda contagiando por todos lados”, asevera Adrian Alasino.

El Director de Medicina también señala una problemática que se viene arrastrando desde que comenzó la pandemia, no sólo en Mar del Plata sino en todo el país: la falta de testeos. El Dr. Alasino sostiene que “hay que aumentarlos en verano por lo menos 20 veces más”. Un dato: desde el 12 de marzo a la fecha apenas se hisoparon en el distrito a poco más de 43.000 personas, lo que representa sólo el 6% de los marplatenses, además de arrojar una positividad alta: 55%.  Pero además de ello, Mar del Plata tiene una tasa de letalidad del 3,76%, una de las más altas del país, con 920 fallecidos. Un dato al que pocos le prestan atención y que parece gravemente naturalizado. La falta de testeos no un problema exclusivo de Mar del Plata. Mientras Francia realiza un promedio de diario de 200.000 pruebas, Argentina rara vez supera los 30.000.

Prosigue el Dr. Alasino: “Para evitar un problema mayor, si tenés un brote lo primero que hay que hacer es evitar que ese brote se propague. Y para ello hay que tener capacidad de trabajo territorial”, señalando como ejemplo la implementación constante del Plan Detectar. “De nada sirve aplicarlo dos días. En una ciudad como Mar del Plata la aplicación debe ser mayor”, asegura. Y agrega que ello es muy útil para la “detección de zonas con contagios y el posterior bloqueo de transmisión. En otras palabras, desplegar y replegar gente, o aperturas y cierres temporales”.

El experimento de las vacunas

Por último, las declaraciones de los funcionarios oficiales, entre ellos el propio Presidente Alberto Fernández, sobre la eventual llegada de las vacunas generan más inquietudes que esperanzas, sobre todo del deseo de comenzar a aplicar una de ellas, la de origen ruso, a fines de diciembre. Y son, cuanto menos, irresponsables.

Hace pocos días, la firma estadounidense Pfizer, dio a conocer al mundo que el prototipo que desarrolla mostró una efectividad del 90% en los primeros análisis intermedios de los ensayos en fase 3, de los que participaron más de 43.000 voluntarios de distintas partes del mundo, entre ellos 4500 argentinos.

Pero enseguida comenzaron a surgir algunas dudas, entre ellas, nada menos que el requisito básico para su conservación: debe mantenerse en todo momento a -70 °C, lo que podría suponer un freno logístico de envergadura para garantizar su distribución al mundo entero. “Y en Argentina no te cuento, si en los hospitales a veces no tenemos gasas, imagínate una heladera especial para eso”, dice con ironía un médico del Interzonal. “La vacuna de Pfizer debe almacenarse a un punto suficiente de frío que se rompa una cuchara, temperatura que sólo alcanzan los congeladores especializados”, afirman los especialistas. Y agregan que probablemente no estará disponible para todos, al menos no de inmediato.

Estos congeladores ultrafríos, que sólo están disponibles en centros médicos especializados en grandes ciudades del primer mundo, cuestan en los Estados Unidos alrededor de U$D 10.000 por adelantado y son costosos de operar debido a su alto consumo de energía.

Por su parte, expertos de EEUU afirmaron a la cadena CNN que “los estadounidenses no deberían esperar ninguna autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) antes de la última quincena de diciembre”. El informe de Pfizer, de que su vacuna tenía una efectividad superior al 90%, son datos preliminares, por lo que no se trata de la información que la empresa necesita enviar a la FDA para solicitar una aprobación de emergencia.

La FDA quiere que las empresas esperen dos semanas después de que aproximadamente la mitad de sus voluntarios hayan recibido una segunda dosis de vacuna antes de solicitar esa autorización de emergencia. Y los médicos que realizan los ensayos clínicos habrán necesitado contar alrededor de más de 100 casos validados de infección por coronavirus para cumplir con los objetivos de la compañía de demostrar que la vacuna realmente funciona.

Otra de las novedades de las últimas jornadas fue la noticia de la presunta llegada y aplicación de la vacuna rusa “Sputnik V” a nuestro país para fines de diciembre, la que se afirma que tuvo un 92% de efectividad, algo que parece más una expresión de deseos que una realidad científica.

Desde el Conicet afirman que “los ensayos en fase III requieren decenas de miles de voluntarios. Se aplican distintas estrategias, con grupo control y se hace con doble ciego, ni el que da ni el que recibe sabe qué recibe, para que no haya sesgos”. La Fase 3 comenzó en Rusia en septiembre, por lo que recién entre febrero y marzo podría haber resultados. Desde la administración de Kicillof, ya hicieron público que quieren empezar a vacunar en diciembre, algo que parece al menos un poco temerario.

Kicillof durante la “presentación” de la temporada 2021

Consultado por este medio, el abogado marplatense Julio Razona aseguró que “tanto el Código Civil argentino como la propia Constitución y los Tratados Internacionales prohíben expresamente usar a la población para experimentos científicos, salvo previo consentimiento de la persona. Y lo que se haría acá de aplicarse la vacuna es eso, un experimento”. Y agrega que “lo que se va a hacer es peligrosísimo, porque aunque ya se dijo que no va a ser obligatoria, hay cientos de miles de personas que confían y no sabemos las secuelas que esto puede tener en el organismo. Los únicos responsables serán los funcionarios del Ministerio de Salud y el Gobierno Argentino”.

Las palabras presidenciales en torno a la vacuna forman parte de una etapa en la que los dirigentes argentinos, luego de meses de aciertos y desaciertos respecto a las medidas para enfrentar el coronavirus, han decidido asumir posturas sumamente riesgosas, en el contexto de un agotamiento físico y mental por parte de la población, entremezclada con una falsa sensación de haber superado definitivamente la enfermedad, de fuertes necesidades económicas, y de un poco apego cultural a las reglas.

“No sólo el sector turístico necesita facturar. El Estado también necesita recaudar. Nadie va a controlar absolutamente nada”, arriesga un ex funcionario municipal. Concluye el Dr. Adrian Alasino: “Somos latinos. La desobediencia es un problema cultural. Y contra eso es muy difícil luchar. La temporada la miro con mucha preocupación”.

pabloportaluppi01@gmail.com

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