Mar del Plata: Salud y economía en tiempos de covid. Parte 2

Mientras aumentan los casos fuertemente en la ciudad balnearia, urge abrir la economía – El Intendente Guillermo Montenegro atrapado entre las presiones de Kicillof, los sectores económicos más golpeados, y el rol de Fernanda Raverta desde la ANSES- Denuncias en el área de Salud – La “conurbanización” de Mar del Plata

Por Pablo Portaluppi

Con 472 casos confirmados de coronavirus desde que comenzó el mes de julio, Mar del Plata se convirtió en una de las grandes ciudades del país con más contagios. Rosario, con el doble de población, registra 182 positivos en el mismo período. Con sólo subrayar que entre el 12 de marzo y el 30 de junio se habían detectados apenas 49 personas con el virus, se comprende la verdadera dimensión de la situación actual. Pero como se dijo desde este espacio tiempo atrás, la cuestión económica pasó a ser la preocupación más importante para la sociedad, por encima del aspecto sanitario.

Y hacia allí apuntan claramente las nuevas medidas. Con la flamante flexibilización del controvertido sistema de fases que impusiera el gobernador bonaerense Axel Kicillof a comienzos de junio ante el avance de la pandemia de coronavirus en territorio provincial, queda más que claro que, al menos por el momento, el concepto sanitario que articula las recientes decisiones en todo el país es que “hay que convivir con el virus”. Lo cual no deja de generar mucha indignación en aquellos miles de comerciantes y empresarios que debieron cerrar sus puertas mientras sus negocios estaban cerrados y había pocos casos. La pregunta surge inevitable: ¿Por qué no lo hicieron antes?. Tal vez se habría evitado un crack económico y unos efectos psicológicos en las personas que aún no se pueden calibrar.

En este sentido, y ratificando lo antedicho, la provincia de Buenos Aires acaba de implementar cambios en relación al protocolo a la hora de definir casos sospechosos y la posterior toma de muestras para diagnósticos de la nueva enfermedad: con el claro objetivo de optimizar recursos, se tomó la decisión de no hisopar a personas asintomáticas que provengan de zonas con circulación comunitaria de coronavirus. Toda una declaración de principios por parte de la administración de Kicillof.

En cuanto a las mencionadas fases, se establece que en la número 3 estarán todos los distritos “en donde se haya producido un brote o un aumento significativo y repentino de casos COVID”. La permanencia en esta fase se centrará en “la velocidad de transmisión, medida en términos de tiempo de duplicación, o la ocurrencia de casos autóctonos en donde se verifique que la cadena de transmisión se corresponde con un escenario de transmisión comunitaria”. Por su parte, en la fase 4 se ubicarán “aquellos municipios que en los últimos 14 días hubiesen tenido más de 10 nuevos casos COVID cada 100.000 habitantes por semana”. Además de amañado, el sistema permite la proliferación de distintas suspicacias y especulaciones.

Quien habría realizado intensas gestiones ante el gobernador Kicillof para que Mar del Plata no deba retroceder de fase, fue la actual titular de la ANSES y ex ministra bonaerense, Fernanda Raverta, que fuera candidata a jefa comunal de la ciudad en las últimas elecciones representando al kirchnerismo y perdiera por apenas pocos puntos. Casualmente su marido, Pablo Obeid, había sido designado en la ANSES local como Director Regional meses antes del nombramiento de su esposa. Recientemente, aseguró que en Mar del Plata 1 de cada 4 ciudadanos recibió ayuda del Estado. Traducido en números concretos, fueron más de 157.000 personas, lo que representa más de la mitad de la población en edad laboral. El rol de Raverta en este esquema no es para nada menor, ya que para muchos, la “alianza” tácita que hizo con ella el propio Intendente Montenegro puede ser leído como “el abrazo del oso” por parte de la dirigente camporista, quien aspira a comandar el Municipio desde 2023. Las declaraciones de su marido no parecen casuales.

Sea como fuere, aquel sistema de fases no hace más que desalentar a los Intendentes de la provincia a implementar políticas agresivas en busca del virus en pos de posicionarse, al punto de llegar a la obsesión, para poder lograr mayores aperturas, y de ese modo, rescatar a una economía exhausta y con una grave crisis. La sociedad comenzó a mostrar evidentes signos de hartazgo y de agotamiento económico y la dirigencia tomó nota. Pero ello no debiera ser excusa de ciertas omisiones por parte de los jefes comunales.

En Mar del Plata hace meses se viene advirtiendo desde diversos sectores sobre la baja cantidad de testeos que realiza la Municipalidad y la necesidad de confeccionar un mapa epidemiológico a partir de un intenso rastreo. Los pocos casos registrados en la ciudad desde el comienzo de la pandemia generaron una falsa sensación de triunfalismo y de jactancia, no sólo en la dirigencia sino también en una buena porción de importantes sectores sociales, que se derrumbó en los últimos días. Ahora, resulta casi patético contemplar a los dirigentes, y también a algunos medios, hacer denodados esfuerzos por intentar explicar que en Mar del Plata no hay transmisión comunitaria.

En recientes declaraciones, el Intendente Guillermo Montenegro afirmó que en la ciudad “hay circulación comunitaria pero no transmisión”. La razón de esta declaración es meramente económica: este último concepto está incluido en la temida fase 3, donde deberán cerrar comercios que no sean esenciales o de cercanía, y la golpeada gastronomía. Ya no hay margen para tamaña decisión. Pero asumir la realidad resulta indispensable para afrontar los problemas, en momentos en que el gobierno municipal parece ir detrás de los acontecimientos, y haber perdido el control de la agenda, tironeado entre la administración de Kicillof y las presiones de los sectores de la economía que pugnan por abrir sus negocios después de más de 120 días de cuarentena. Las arcas municipales dependen cada vez más de la asistencia de la provincia para poder afrontar sus enormes gastos.

Según la Organización Mundial de la Salud, se considera que hay transmisión comunitaria cuando se llega al momento en el que ya no es factible relacionar los casos confirmados de personas contagiadas a partir de un caso conocido y a lo largo de una cadena de transmisión. Es decir que hay tal situación cuando el virus circula (o comienza a hacerlo) libremente en la sociedad, sin que sea posible identificar cuándo, cómo y a partir de qué las personas están transmitiendo el virus y contagiándose entre sí.

Si bien la mayoría de los contagios registrados en los últimos días en Mar del Plata se originaron en el Hospital Houssay, en una pesquera ilegal y en un geriátrico, lo cierto es que hay más de un 20% de indeterminación epidemiológica. Por ejemplo, el sábado 18 de julio se informó que 3 de los 16 casos confirmados no se sabía dónde se habían contagiado, lo que representa casi el 19%. Y al día siguiente, no se logró establecer el nexo de 11 contagios sobre un total de 52, es decir, más del 21%. En tanto, en el parte del martes 21 se dijo que se desconocía el origen de 6 de los 35 positivos, además de haberse dado 9 casos en un psiquiátrico. Finalmente, en los últimos dos partes totalizaron 11 personas sobre un total de 77 sin nexo epidemiológico determinado. La estrategia oficial parece clara: colocar al Houssay en el responsable máximo del brote originado en julio en la ciudad.

Así mismo, cabe recordar que entre marzo y junio, en 22 de los 49 casos registrados no se logró determinar la cadena de contagios. Tampoco se sabe a ciencia cierta cómo se pudieron haber contagiado los llamados “Caso 0” en los diferentes focos de la ciudad. A esta altura, con 30 lugares donde se registran contagios, las diferencias entre circulación y transmisión parecen ridículas. El nexo epidemiológico se debe establecer de inmediato, sino se diluye”, le había dicho a este medio hace 30 días un reconocido médico de la ciudad, añadiendo que no se encuentra lo que no se busca. Tener un mapa epidemiológico permite cumplir con una de las funciones primordiales de la Salud Pública: realizar una vigilancia epidemiológica”.

La Salud en Mar del Plata

Hay un dato que no se debe pasar por alto: en Mar del Plata, cerca de un 35% de los contagios se dio entre personal de salud, mientras que a nivel nacional la incidencia es casi cuatro veces menor, cercano a un 8%. Para los especialistas, está situación lejos está de ser casual: en la ciudad se registra una alta tasa de pluriempleo y una ineficiente provisión de insumos y equipos de protección personal por parte del Estado, tanto municipal como provincial.

En línea con lo antedicho, en un informe que circuló en los últimos días, se denuncia “desmantelamiento y achicamiento de los equipos de trabajo, reducción de personal y cantidad de horas del mismo en áreas sensibles como Clínica Médica, Enfermería, Medicina General, y Pediatría”. En las últimas horas se detectó otro brote de covid nada menos que en el Hospital Regional Interzonal de Agudos, del cual, hasta ahora, hay muy poca información oficial. Así mismo, se denuncia maltrato, persecución laboral, inasistencia de personal jerárquico a sus lugares de trabajo, y falta de equidad en el reparto de horas extras. Estas presuntas irregularidades se potencian en el contexto actual signado por la pandemia.

Pero los cuestionamientos al área de Salud del Municipio comenzaron fuertemente a mediados de junio, cuando la Secretaría a cargo de la Lic. Viviana Bernabei  emitió un memorándum donde afectó directamente las guardias pediátricas en los Centros de Atención Primaria de Salud (CAPS), al modificar el sistema de horas extras. En verdad, esta medida se tomó en el marco de la Resolución 810/2020, publicada el 12 de junio, donde el gobierno municipal decidió el recorte de horas extras como parte de un plan de ajuste ante la delicada situación financiera que atraviesan las arcas comunales, disponiendo un límite para cada secretaría.

La decisión se tomó ante “la necesidad de adoptar medidas conducentes a obtener una mejor ejecución del gasto público y organización del recurso humano del municipio”, según señala la norma. Allí, se estableció, entre otras cosas, que Salud tendría un máximo mensual de 7.000 horas extras. En la notificación la Secretaría se dirigió específicamente a la División Pediatría, donde destacó que en función de la emergencia sanitaria “es oportuno, conveniente y necesario establecer en el ámbito del servicio de pediatría, un criterio único al sistema de guardias”. En otros términos, se especifica que éstas “serán imputadas al módulo horario semanal”, lo que en la práctica significa que aquellos profesionales que opten por realizar guardias los fines de semana deberán descontarlas de la jornada semanal, afectando de ese modo las prestaciones del servicio que se brinda de lunes a viernes. La disposición fue firmada por la titular del área, Viviana Bernabei, y el Director General de Capital Humano, Marcelo Lacedonia

Al no poseer un Hospital Municipal, Mar del Plata cuenta con 32 Centros de Salud, que integran nada menos que la red primaria de atención, en especial de los sectores de la población que no cuentan con ningún tipo de cobertura médica. El primer impacto de este recorte se dio en las guardias pediátricas, donde hubo fines de semana enteros donde directamente no hubo atención para chicos en muchas “salitas”, en especial las de Batán y Playa Serena. En la práctica, lo que se decidió es que “las horas ya trabajadas el fin de semana no se iban a pagar, que las condiciones laborales de algunos de los pediatras cambiaban abruptamente y debían trabajar los fines de semana obligatoriamente, y que las horas de Pediatría de lunes a viernes, se reducían a expensas de cubrir las de fin de semana”, tal cual lo denunció la médica María del Carmen Martín.

Pero la pediatría no es la única especialidad afectada. Mediante el ajuste decidido, además de verse seriamente afectada la odontología, también fuentes del área de Salud denunciaron ante este medio un recorte en los salarios de varios médicos del SAME (Sistema de Atención Médica de Emergencia) que al ser pasados obligatoriamente a planta permanente, sufrieron una rebaja en sus ingresos de aproximadamente $60.000 mensuales. El Sistema de Atención Médica de Emergencia ha cobrado mayor relevancia a partir del fuerte crecimiento de los casos en la ciudad, donde su Director, el médico rescatista Juan Di Mateo, se ha convertido prácticamente en el vocero de la Secretaría cuando todos los mediodías detalla el parte de la noche anterior, aunque los informes resultan muy imprecisos.

Hay más. Desde el bloque Acción Marplatense, la concejal Paula Mantero, solicitó que se implemente urgentemente el programa Detectar. Es inexplicable un día más de dilación. Se debe testear para relevar los casos que se van produciendo”, señaló.  Ya el pasado 22 de mayo, se le había pedido al Ejecutivo local explicaciones por la demora en su implementación. El Operativo DetectAR (Dispositivo Estratégico de Testeo para Coronavirus en Terreno de Argentina), que se propone establecer estrategias especiales para el abordaje territorial en los Barrios Populares o en áreas definidas donde se detecta o estima un incremento en el número de casos., fue implementado por el Gobierno Nacional a comienzos de mayo y la administración que mejor lo utilizó fue el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. De hecho, en las últimas horas se informó que del total de personas testeadas en CABA, hubo un 41% de positividad.

En Mendoza, por su parte, se está implementando un método similar, llamados “sitios centinela”, con el fin de hacerpruebas aleatorias y detectar casos que escapan a la lógica de “casos sospechosos”. Allí fueron descubiertos la mayoría de las personas que tenían el virus y no lo sospechaban. En el último parte, de los 61 casos detectados en toda la provincia, 13 fueron por el método de búsqueda. Los partes brindados por el gobierno mendocino son muy completos, detallando cifras y lugares exactos del contagio.

Desde el bloque de Acción Marplatense le dijeron a este medio que el proyecto “se presentó en las últimas horas en Calidad de Vida y Salud Pública, quedando en comisión en el Concejo Deliberante. El oficialismo planteó que estaban en conversaciones con la provincia”. El mismo argumento esgrimió el Frente de Todos, en una clara demostración de la alianza entre Montenegro y Raverta. La falta de avances de la utilización del programa Detectar en la ciudad, que muchos especialistas reclaman, hace suponer que su implementación no le conviene a nadie, ni a la administración local ni al propio kirchnerismo. La eventual aparición de cientos de casos en los barrios colocaría en un serio compromiso a ambos debido al sistema de fases imperante en la provincia.

El conurbano marplatense

Siempre se dijo que Mar del Plata posee un “conurbano propio”. Con el 12% de desocupación y más del 30% de su población bajo la línea de pobreza-cifras que crecerán exponencialmente en los próximos meses-, la ciudad tiene al menos 80 asentamientos precarios donde habitan miles de familias, y numerosos barrios donde las condiciones de vida son muy difíciles. Uno de ellos es “Las Heras”, en el cual viven 35.000 personas y donde se registraron varios casos de coronavirus a partir del brote ocurrido en una pesquera. De hecho, hay un bebé de 20 días contagiado junto a su madre, ambos internados en el Hospital Materno Infantil-donde también se reportaron recientes contagios-y desde los Centros Barriales de Emergencia afirmaron haber tenido que cerrar comedores en dicho barrio debido a los casos positivos. Sin embargo, el Municipio no avanza en dicha dirección y no se informa de manera clara al respecto. Los partes solo se limitan a informar sobre contactos estrechos de casos confirmados, pero poco más.

También fueron desatendidos los geriátricos, uno de los espacios más sensibles a la nueva enfermedad, al encontrarse allí una de las poblaciones de más alto riesgo. A fines de mayo, la Justicia Federal de Mar del Plata dispuso investigar una Residencia, llamada “GEMA”, por no cumplir con los protocolos. En paralelo, el Intendente Guillermo Montenegro encabezó un control de rutina en el Hogar Municipal de Ancianos “Eva Perón”. Ambos hechos, que parecieron realizados “para la foto”, tuvieron lugar luego de la presentación de un proyecto en el Concejo Deliberante para reforzar el control de los geriátricos. Casi dos meses después, el Municipio reconoció que se registran en la actualidad contagios en 8 geriátricos, en 2 de los cuales se verifican peligrosos brotes.

Además, cabe mencionar que la Municipalidad de General Pueyrredón misteriosamente no adhirió a un importante software que desarrolló el propio Instituto Nacional de Epidemiología (INE), con sede en la ciudad, para el seguimiento de casos, que ya es utilizado por 14 municipios. Su directora, Irene Pagano, manifestó que la iniciativa que se impulsó en junio busca determinar la “incidencia, letalidad y características clínico-epidemiológicas” que tiene el coronavirus en la población. Una de las misiones fundamentales del INE es precisamente la vigilancia epidemiológica, algo sobre lo que reconocidos médicos de diferentes espacios marplatenses han venido haciendo especial hincapié. Así mismo, Pagano remarcó que todas las muestras debieran realizarse en el organismo que ella preside, y no en laboratorios privados, como ocurre actualmente.

Pero la preocupación por el aspecto económico de la crisis es entendible. Las arcas públicas están vacías y la economía cruje por todos lados. Para así arribar a un escenario complejo y absolutamente contradictorio: durante más de 100 días, a la par que prácticamente no se registraban casos de coronavirus en Mar del Plata, todo el rubro gastronómico permaneció con las persianas bajas, mientras que ahora, con un promedio de 20 casos por día, ya están funcionando, aunque con fuertes restricciones, los restaurantes y las cervecerías. Cabe recordar que desde hace más de 15 días el servicio de cafetería ya se encontraba habilitado hasta las 19 hs. La situación descripta termina siendo una parábola sobre el país: la temprana implementación de la cuarentena originó este despropósito.

Ya se había afirmado desde este espacio: “El impacto económico del aislamiento es devastador y le resulta muy difícil a los Intendentes decretar el cierre comercial si se evidenciara un brote de casos”. Al comienzo de la pandemia, la dirigencia política entré en pánico, situación que no se apreciaba desde el rugido social de fines de 2001, cuando la consigna era “que se vayan todos”. Por estos días, el espanto que une a los dirigentes es la inevitable hecatombe económica que produjo la cuarentena.

No obstante, si la decisión es convivir con el virus, resulta más que necesario tener información clara y precisa, a la vez que asumir la enfermedad. Algo que escasea. Al menos hasta el momento.

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